El problema del ciclo del agua es que está variando dramáticamente. El equilibrio de este ciclo ha sido alterado por la acción humana: los modelos de desarrollo depredador y sus efectos en el cambio climático provoca que el agua se precipite rápidamente al mar, haciendo que los ríos se desborden y luego se sequen, que la tierra fértil sea arrastrada y aumente la erosión, que la capa acuífera desaparezca y, por lo tanto, que el agua no se aproveche.

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Este ciclo existe desde los más remotos tiempos de formación de la atmósfera y de la hidrósfera y ha mantenido más o menos constante la cantidad de agua existente en la Tierra. Si se detuviera esta maravillosa colaboración del sol, la atmósfera y el mar, bastarían unas semanas para que la vida desapareciera totalmente de nuestro planeta. La masa de agua que el mar confía al cielo durante un mes bastaría para que un país de la extensión de Francia quedara oculto más de 30 metros bajo las olas.

Para mantener el equilibrio del ciclo hidrológico y, por lo tanto, de la vida, el océano llega a regir severamente la distribución de los vientos y de las precipitaciones. La mayor parte de las tormentas que estallan en la atmósfera que está cubriéndolo y que tratan de penetrar en tierra son ahogadas en su seno, haciéndoles gastar su energía por el rozamiento contra su superficie, cargándolas con pesado vapor de agua, frenándolas y desorientándolas y así, muchas veces, cuando llegan a las costas, las tempestades están a punto de extinguirse manteniendo este equilibrio. 

Fuente: Las precipitaciones atmosféricas y el ciclo del agua.
Recuperado en http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx