Yo los vi anoche como a las 10, amontonados en un filito de la carretera Panamericana, a la altura del kilómetro 3, del lado de la vía con sentido a Caracas. La fugaz vista desde una ventana de autobús me mostró como a 100 muchachitos y muchachitas de pie, como riendo y jugando, frente a unos tablones, palos y telas que remedaban un refugio.

Eran, sin duda, parte de las familias que fueron desalojadas del barriecito más miserable y precario que hasta hace poco se veía en los márgenes de la carretera que comunica a Caracas con los Altos Mirandinos.

Y cuando la escena quedó atrás en el camino me acordé de Chávez. De Chávez preguntando si habían comido, si les habían dado café y ordenando helados para los más pequeños. De Chávez en la pata del cerro, frente al barrio La Pedrera, en Antímano, implorando para que los pobladores en casas en riesgo salieran del lugar. De Chávez acomodando gente en el propio palacio presidencial en Miraflores. De Chávez “regalándole” a esos marginales apartamentos, neveras y peroles como decían los escuálidos, y como también dicen ahora algunos que dicen que no lo son.

Y más tarde, mientras veía las promociones de la celebración del cumpleaños de Chávez, me acordé que está lloviendo en estos días y qu​e​ en la madrugada hace mucho frío. Y otra vez, de Chávez interrumpiendo un discurso para pedir que recogieran unas motos mal puestas que podían caerle encima a unos niños que corrían por el callejón.

Y no pongo en duda la necesidad del desalojo y de la precisión con que debe haberse planificado la reubicación temporal y definitiva. Pero sin duda la evasiva escena de anoche no deja de ser perturbadora.

Lo digo porque muchas veces nadie dice nada, porque se supone que ya “alguien” debe tener “eso” resuelto. Prefiero preguntar y hasta ser impertinente, antes que dejar que las cosas pasen con mi indiferencia.

Chávez es humanidad y hoy es su cumpleaños​.​

​Víctor Hugo Majano